lunes, 4 de mayo de 2009

Juan Alcaraz Saura. Todo un ejemplo para la militancia confederal

Publicamos aquí la reseña biográfica sobre el compañero cenetista Juan Alcaraz que apareció en el nº355 del periódico CNT, correspondiente al mes de Abril de 2009, y que fue redactada por un compañero de nuestro grupo.
Si quereis leer el artículo en su formato original, en versión pdf, podeis hacerlo en el siguiente enlace:
http://www.cnt-ait.tv/d/947-2/cnt_355_Abril09-web.pdf

El compañero Juan Alcaraz Saura nació en la comarca de Cartagena hace ahora ochenta y ocho años. Fue un 5 de Enero de 1921 en un pueblo llamado la Aparecida, el mismo pueblo que durante los años de la Guerra Civil fue conocido como Caserío Francisco Ascaso. Al empezar la contienda bélica (“revolucionaria para nosotros”, como afirma el propio Juan) tenía sólo quince años, pero muy pronto se despertó su curiosidad por las ideas libertarias. Empezó a asistir a las reuniones y mítines de la CNT, a la que se afilió en 1937, y a leer todos aquellos periódicos y libros que llegaban a sus manos. Poco tiempo después decidió organizar, junto a otros jóvenes del pueblo, un grupo de Juventudes Libertarias del que Juan sería el primer secretario: el Grupo Acracia. Aquellos jóvenes libertarios, con la ayuda del maestro de la escuela, organizaron una serie de charlas y clases para adultos, casi todos analfabetos, con las que obtuvieron un gran éxito y una tremenda satisfacción.

En 1939, al cumplir los dieciocho años, Juan fue llamado a filas. Aquella fue la última de las quintas a las que llamaron “del biberón”, ya que la guerra estaba tocando a su fin y ya no se movilizaría a más hombres para defender a la República. El 5 de Marzo de 1939, domingo, Juan se dirigía en bici al arsenal de Cartagena, donde había sido destinado para cumplir su servicio militar, cuando escuchó gritos de “¡Viva España!” a la entrada de la ciudad. La quinta columna se había puesto en movimiento y grupos armados de soldados y civiles actuaban por las calles gritando sus consignas y agitando sus banderas. Juan decidió cambiar de rumbo y se dirigió entonces al Comité Comarcal de la CNT, donde se encontró con un buen número de compañeros que habían llegado hasta allí para, igual que él, esperar el desenlace de los acontecimientos.

Pronto llegaron noticias de que la flota naval, anclada en su totalidad en el puerto de Cartagena, se preparaba para zarpar rumbo a Argelia, donde se pediría refugio a las autoridades francesas. Sin pensárselo dos veces, los compañeros reunidos en el Comité Comarcal tomaron la decisión apresurada de abandonar la ciudad antes de que los fascistas los atraparan por sorpresa. En fila india fueron abandonando el edificio para llegar hasta el puerto de la ciudad, donde tuvieron la suerte de encontrar el último barco de la flota que aún no había zarpado: el crucero Miguel de Cervantes, capitán de la escuadra marítima. Unos veinticinco o treinta compañeros subieron al barco, sumándose así a los tres mil ochocientos militares republicanos y a los trescientos cincuenta civiles que huyeron de Cartagena aquel mismo día. “Los que no quisieron correr nuestra suerte”, recuerda Juan, “se marcharon a sus casas. Más tarde sufrieron las consecuencias siendo detenidos y encarcelados, entre ellos, dos hermanos míos”.

La flota llegó el 7 de Marzo a la base naval de Bizerta, en Túnez, ya que las autoridades francesas les habían negado refugio en Orán. “A partir de ahí”, nos cuenta Juan, “empezó nuestro calvario en el exilio. Nos pusieron mandos militares, nos distribuyeron en grupos y nos hacían formar todas las mañanas para repartirnos el trabajo”. Allí fueron sometidos a custodia militar y a régimen disciplinario, transportados en vagones para el ganado y hacinados en las condiciones más penosas e insalubres que podamos imaginar. Dormían en casas derruidas, sin puertas y sin ventanas, sobre suelos cubiertos de paja como único abrigo, y recibían escasísimas raciones de agua y de comida. “Pronto empezamos a sentir la necesidad de alimentos, el agua estaba racionada; solamente se nos daba para beber. Nos hacían miserias para que volviésemos a España. Las autoridades del campo, con cierta complicidad de algunos ex-mandos de la flota, fijaron un aviso en el que, sustancialmente, se decía: el gobierno de Franco concede una amplia amnistía y asegura la libertad a los que decidan volver. Bastantes marinos volvieron pero nunca regresaron a sus casas”.

Durante los meses siguientes, Juan trabajó en la construcción de un ferrocarril que debía unir el sur de Túnez y la línea Mareth, pero muy pronto comenzó la Segunda Guerra Mundial y tuvieron que ser evacuados a la retaguardia. Fueron trasladados a la Skira, una gran playa al norte de Gabés donde el ejército francés almacenaba gran cantidad de armamento y munición. En quince días, ante el avance de las tropas italianas, tuvieron que cargar todo aquel material en trenes preparados a tal efecto. Una vez terminado este trabajo fueron conducidos hasta las llanuras de las montañas Kenchela, en Argelia, donde serían utilizados para talar árboles y construir caminos y puentes con sus propias manos, arrastrando enormes piedras que tenían que transportar con la sola fuerza de su cuerpo. Después serían trasladados a las minas de Kenadza, al sur de Orán, siendo puestos a entera disposición de la Sociedad Minera Houillères de Kenadza para ser empleados en las minas o en cualquier otro trabajo que pudiera surgir.

Las faltas disciplinarias, por leves o inexistentes que pudieran parecer, eran castigadas de la manera más severa. Juan recuerda una ocasión en la que se negó a limpiar la habitación de un vigilante civil y fue castigado con siete días de tombeau. Este castigo consistía en permanecer sentado en un agujero cavado en la tierra siendo alimentado una vez al día con un trozo de pan duro y un poco de agua a la que se añadía un buen puñado de sal de vez en cuando. Tras siete días de castigo, Juan fue confinado durante tres meses en el campo de Hadjerat M’Guil, más conocido como el Valle de la Muerte. “Gracias a mi juventud, mis deseos de vivir y de volver a ver a mi familia”, nos asegura este compañero, “pude salir vivo de aquel infierno”. Los goumiers que vigilaban a los trabajadores en aquel campo tenían orden de disparar a todo aquel que intentara fugarse, algo que hacían cuando sus jefes, simplemente, se lo indicaban. Las ropas y el calzado que les dieron eran miserables y gastados, viéndose obligados a caminar descalzos sobre las piedras cuando llegaba la noche. Los trabajos llevados a cabo en este campo llegaban hasta la extenuación, al igual que las palizas indiscriminadas que llevaron a la muerte a compañeros como Lewystein, Moreno, Jaraba, Pozas, Álvarez… entre muchos otros. Juan recuerda con especial tristeza al compañero Moreno, también conocido como el Maño, que fue torturado, golpeado y obligado a trabajar más allá de sus posibilidades físicas durante una terrible agonía que duró ocho interminables días. “Lo azotaban sin compasión delante de todos los componentes del campo. Groumiers formados, con los fusiles en mano, nos rodeaban para que no nos moviésemos al presenciar tales horrores. Por las noches, después del penoso trabajo que tenía que realizar, no lo dejaban dormir, turnándose en los apaleamientos todos los guardianes, desde el jefe hasta el último empleado”. Y así continuaron hasta el día en que lo abandonaron sin sentido en el suelo de una celda, sin alimento y sin los cuidados médicos más básicos, muriendo ocho días después de su llegada al conocido como Valle de la Muerte. “Sufríamos con fuerza de voluntad la humillación”, nos cuenta Juan. “Yo era joven y jamás hubiera creído lo que pude ver allí (…). Cuando me sacaron de allí, pensaba en los que se quedaron. Me preguntaba cómo hombres con galones, bien comidos y vestidos, podían hacer tanto daño a sus prójimos”.

Cuando las tropas aliadas invadieron el norte de África, Juan se marchó a Orán. Empezó a trabajar de camarero, conoció nuevas amistades, se casó y tuvo tres hijos. Fue feliz en aquella ciudad durante algunos años pero otra guerra, en este caso la de Argelia, le obligó a emigrar de nuevo. En esta ocasión Juan marchó con su familia a Avignon, en Francia, donde unos familiares les ayudaron a salir adelante. No regresó a Cartagena hasta treinta y siete años después del exilio, una vez que “el régimen totalitario fue barrido con la muerte del traidor Francisco Franco”.

El compañero Juan puede presumir de no haber faltado nunca a su compromiso con el Anarcosindicalismo. Tanto en el exilio como tras su regreso a Cartagena nunca ha dejado de contribuir con sus cuotas al sindicato, su presencia en las reuniones y su asistencia a las manifestaciones. Siempre ha colaborado a la hora de repartir propaganda y ha ocupado aquellos cargos que necesitaban ser cubiertos, cosa que ha hecho durante años haciéndose cargo de las tesorerías del SOV de Cartagena y del Comité Regional de Murcia. Actualmente el compañero Juan Alcaraz continúa manteniéndose activo como militante de la CNT en Cartagena, aportando su apoyo y su experiencia en todos aquellos momentos que considera oportuno. Tal y como él mismo dice, “hoy, a mis ochenta y ocho años, soy menos eficaz pero sigo en la brecha”.

El ejemplo que Juan brinda a quienes tiene a su lado es de un valor incalculable. Por desgracia no todos tenemos el mismo empeño y capacidad de entrega que tiene este gran compañero, pero, aún así, debemos ser capaces de aprender de la solidez de esas ideas antiautoritarias que le han acompañado hasta el momento presente. Para eso sólo es necesario ser un buen alumno, ya que al buen maestro ya lo tenemos. ¡Salud compañero!

domingo, 26 de abril de 2009

La sociedad industrial y su futuro

Ante la situación actual de deterioro y barbarie que vive el planeta y las personas que habitamos en él, nos ha parecido interesante recuperar este texto de Theodore Kaczynski publicado originalmente hace ya algunos años. Aquí sólo recogemos un fragmento de la Introducción, pero la fuerza de sus palabras y la capacidad incendiaria de sus ideas hacen que sólo con estas líneas tengamos suficiente combustible para encender la mecha de la crítica en aquellas cabecitas aún adormecidas por la tontuna y la estupidez capitalistas.
Puedes leer el texto completo en nuestra Biblioteca virtual.

Introducción

1. La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. Ha aumentado enormemente la expectativade vida de aquellos de nosotros que vivimos en países «avanzados», pero ha desestabilizado la sociedad, ha hecho la vida imposible, ha sometido a los seres humanos a indignidades, ha conducido a extender el sufrimiento psicológico (en el tercer mundo también el sufrimiento físico) y ha infligido un daño severo en el mundo natural. El continuo desarrollo de la tecnología empeorará la situación. Ciertamente someterá a los seres humanos a grandes indignidades e infligirá gran daño en el mundo natural, probablemente conducirá a un gran colapso social y al sufrimiento psicológico, y puede que conduzca al incremento del sufrimiento físico incluso en países «avanzados».

2. El sistema tecnológico-industrial puede sobrevivir o puede fracasar. Si sobrevive, puede conseguir eventualmente un nivel bajo de sufrimiento físico y psicológico, pero sólo después de pasar através de un periodo de ajuste largo y muy penoso y sólo con el coste permanente de reducir al ser humano y a otros muchos organismos vivos a productos de ingeniería y meros engranajes de la maquinaria social. Además, si el sistema sobrevive, las consecuencias serán inevitables: no hay modo de reformar o modificar el sistema así como prevenirlo de privar a la gente de libertad y autonomía.

3. Si el sistema fracasa las consecuencias aún serán muy penosas. Pero cuanto más crezca el sistema más desastrosos serán los resultados de su fracaso, así que, si va a fracasar, será mejor que lo haga antes que después.

4. Por eso nosotros abogamos por una revolución contra el sistema industrial. Esta revolución puede o no usar la violencia: puede ser súbita o puede ser un proceso relativamente gradual abarcando pocas décadas. No podemos predecir nada de eso. Pero sí delineamos de una forma general las medidas que aquellos que odian el sistema industrial deberían tomar para preparar el camino para una revolución contra esta forma de sociedad. No debe ser una revolución Política. Su objeto no será derribar gobiernos, sino las bases económicas y tecnológicas de la sociedad actual.

Este texto es un fragmento de La sociedad industrial y su futuro, de Theodore Kaczynski. Puedes leer el texto completo en nuestra Biblioteca virtual.

martes, 14 de abril de 2009

La juventud condenada a la miseria

Para nosotrxs lxs jóvenes el empleo es el problema número uno; no hay prácticamente empleos estables, la mayoría son eventuales, sin porvenir y mal pagados “bajo mano”, jóvenes treinta añerxs acaban viviendo en casa con sus hermanxs adolescentes. El miedo a un despido súbito y a que te sustituyan está siempre presente. Un fuerte sentimiento de ser vulnerable y mal pagado crea inseguridad personal y una falta de autoestima, una reticencia a hablar de lo mal que te pagan, de las muchas horas, de lo obediente que tienes que ser... para conservar un empleo de miseria. La mayoría de lxs viejxs trabajadorxs tienen un fuerte sentimiento de que se sacrifican para dar a sus hijxs lo que ellxs no tuvieron al crecer pobres. La ironía es que los padres esperaban que, con ingresos añadidos, más educación y un ambiente familiar estable, lxs hijxs alcanzarían un más alto estatus y empleos mejor pagados. La gran paradoja del último cuarto del siglo XX es que las mayores inversiones de la familia no pudieron contrarrestar los efectos retrógados del sistema económico liberal, lo cual ha tenido como resultado una tendencia general a la movilidad intergeneracional hacia abajo.
No es un fenómeno únicamente español. Está sucediendo entre lxs trabajadorxs de toda Norteamérica y Europa, especialmente allí donde el modelo neoliberal ha reemplazado al Estado de bienestar. Además, ya no se limita a la clase obrera o a lxs jóvenes. Cada vez más la clase media, lxs profesionales y técnicxs cualificadxs, incluyendo a individuos de media edad, se ven afectades por la reducción de tamaño de las empresas, la subcontratación y el trabajo eventual. Lo que está claro es que España representa un caso avanzado. Sus niveles de desempleo y paro juvenil son los más altos de Europa occidental y Norteamérica. Además ha sido España quien se ha encaminado más lejos y más rápido hacia un sistema laboral de dos tercios, donde las ordenanzas laborales establecen abiertamente por ley desigualdades de renta sustanciales y salarios por debajo del límite de la pobreza, con escasas, cuando las hay, reglamentaciones en lo que concierne a abusos patronales. Lo que está pasando en España es tal vez un espejo de lo que podríamos esperar en otros países en el futuro. Los altos índices de desempleo se han mantenido en los noventa, lo cual nos demuestra que el problema tiene sus raíces en las estructuras profundas de la economía liberal.
Lxs trabajadorxs cualifcadxs y educadxs hoy hacen frente a índices de desempleo que sobrepasan un cuarto de la mano de obra. La escolarización puede parecer fuera de lugar para unxs jóvenes trabajadorxs con pocas perspectivas de empleo. La formación técnica y profesional parece fuera de lugar para una economía basada cada vez más en el turismo, la administración pública y las plantas de montaje. Los nuevos contratos de trabajo temporales, que proveen a lxs empresarixs de una poderosa ventaja sobre lxs jóvenes trabajadorxs, son los preferidos por lxs empresarixs. La mayoría son de sólo seis meses, sin indemnización por despido.

¿Cuáles son las consecuencias humanas de las abstractas doctrinas de la economía liberal?
Los barrios han dejado de ser el terreno de la movilización social, de los debates sociales y de la organización de lxs trabajadorxs. El barrio ya no es un mecanismo de socialización para introducir nuevos valores sociales de solidaridad sino, más bien, un terreno de encuentro informal. La decadencia de la cultura cívica del barrio alimenta el comportamiento consumista privado que lxs jóvenes recibimos a través de los medios de masas. Música mercantilizada, con sus surtidos de ropas, pendientes y peinados, brinda símbolos externos de rebelión que enmascaran la conformidad interiorizada con un estilo de vida consumista e individualista. Hablar de los miedos y de las inseguridades del lugar de trabajo no levanta los ánimos en las barras de ningún bar; los malos sueldos son un símbolo de estatus de vergüenza, es mejor callárselo mientras apuras la cerveza e intentas arreglar para esa noche una comedia de representación única.
Lxs bastante “afortunadxs” como para conseguir empleo son, en su aplastante mayoría, trabajadorxs temporales, la mayor parte de lxs cuales serán rotadxs, renovadxs o despedidxs, pero raramente convertidxs en trabajadorxs fijxs. A pesar del salario de miseria y de las terribles condiciones de trabajo expresan pánico ante la idea de verse en la calle, porque piensan que pasarán una época muy difícil encontrando un nuevo empleo. Tal como un trabajador expresaba: “el miedo al despido es peor que la represión bajo Franco”. Lxs jóvenes trabajadorxs temporales de hoy están atomizadxs y son vulnerables a los dictados de empresarixs que tienen el sostén legal del Estado, el cual apoya sus arbitrarias acciones. Pocxs trabajadorxs temporales expresan sus sentimientos de solidaridad con sus compañerxs. Entre les eventuales hay un sentido de competencia y desconfianza condicionado por las escasas posibilidades de un empleo permanente. En relación con lxs trabajadorxs fijxs mayores, hay una mezcla de envidia y resentimiento a partir del hecho de que se ocupan de sus propios intereses y tienen el empleo protegido.
Debido al miedo profundo a que cualquier expresión de solidaridad pudiera contrariar a lxs empresarixs, la mayoría de lxs trabajadorxs temporales evitan unirse a los sindicatos revolucionarios (uniéndose cuando lo hacen a sindicatos colaboracionistas o sindicatos que creen ser revolucionarios pero en el fondo son también colaboracionistas): fundamentalmente la estrategia es aparecer como unx empleadx supertrabajadxr y con espíritu de empresa, dispuestx a trabajar fuera de horas y evitar relaciones conflictivas con lx empresarix.

Hoy el empleo es un sitio donde trabajas, ganas dinero y te socializas en otra parte. Para la mayoría de trabajadorxs jóvenes el trabajo es un aburrimiento, el sindicato está ahí, con lxs compañerxs compartes una cerveza o no; la cuestión es ganar tiempo para el fin de semana, las vacaciones o comprarse un equipo de música. El trabajo de fábrica se ve como un medio de ahorrar para abrir eventualmente un pequeño negocio, editar una revista musical o volver a la educación superior. A pesar de que el empleo fijo es un “premio” muy codiciado, una vez se consigue pierde rápidamente su “lustre” y empieza el descontento con el puesto de trabajo.
Los sindicatos han sido asimilados dentro del proyecto neoliberal. Critican sus excesos y piden más gastos sociales a cambio de compartir los argumentos de productividad de lxs empresarixs. Existe una honrosa excepción de la causa trabajadora, que son los Sindicatos adheridos a la AIT, siendo la CNT el Sindicato que está ubicado en el territorio español.

El ciclo vital
La prolongada dependencia familiar crea un punto de vista social conformista, donde la idea de conseguir las cosas gratis socava el pensamiento crítico. La idea de salir al mundo unx trabajadxr independientemente cultiva un sentido de eficacia a actuar por sí mismx y hacerse cargo de la propia vida. Este es el preludio de la asunción de responsabilidad en la acción política y social. La prolongada dependencia familiar fomenta la “infantilidad”. El antiguo comportamiento adolescente se prolonga y persiste la pasividad: se espera que la madre cocine y limpie la ropa y que el padre afloje el dinero para un fin de semana de saltitos en el bar. La idea de rebelión toma así la forma de conciertos, de puñetazos en el fútbol, de joyas y ropas (anillos en la nariz, pantalones rotos, pelos al cero...) todo ello subvencionado por la familia.

Buscando un culpable
La legislación antiinmigrante que en su día impuso el PSOE y nacionalistas, incita a lxs jóvenes trabajadorxs paradxs a culpar a lxs inmigrantes de su falta de empleo. Ningún líder político les dice que lxs inmigrantes no cierran las fábricas; lxs capitalistas sí. Ni que los partidos políticos y sindicatos gubernamentales aprueban una legislación que faculta a lxs empresarixs a pagar por debajo del salario mínimo, no es la competencia con el 2% de inmigrantes lo que baja el nivel de vida.

La única forma de combatir las injusticias creadas por el capitalismo es la organización sin diferencias de razas, edad o sexo; organízate en organizaciones anarquistas o anarcosindicalistas si no quieres seguir siendo una marioneta.Este artículo fue publicado por las Juventudes Libertarias de Zamora en el número 12 de la revista Jake Libertario.

domingo, 29 de marzo de 2009

IV Jornadas libertarias. Lorca 2009

Jueves 16 de Abril
La Sanidad Pública como Derecho Fundamental esencial
Emilio Botía
Abogado laboralista Murcia

Viernes 17 de Abril
La lucha sindical frente a la crisis económica: El modelo de la CNT
Antonio Baena
Secretario de acción sindical C. Regional Andalucía
CNT Fernán Núñez (Córdoba)

Lunes 20 de Abril
Proyección de documentales:

A propósito de Niza
Jean Vigo, Francia, 1930. 0:22

The Take (La Toma)
Avi Lewis y Naomi Klein, Canadá, 2005. 1:23

Martes 21 de Abril
Litoral de la Región de Murcia: entre la conservación y la destrucción
Pedro García
Geógrafo y portavoz de ANSE (Asociación de Naturalistas del Sureste) Cartagena

Jueves 23 de Abril
Crisis económica y resistencia obrera. Crisis mundial y sus efectos en España
Gaspar Fuster ICEA (Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión) Barcelona

Martes 28 de Abril
Droga y cárcel
Manoli Ramajo
ASPAD (Asociación de Padres de Drogodependientes) CNT Madrid

Viernes 8 de Mayo
El Plan Bolonia: una perspectiva crítica
Javier Antón
Profesor Universidad Complutense CNT Madrid

Sábado 9 de Mayo
De viva voz: Tú crees que esto es la paz…
Isabel Escudero
Poetisa, ensayista y profesora de la UNED Zamora

Contra la Fe
Agustín García Calvo
Lingüista, poeta, dramaturgo y filósofo Zamora


Todos los actos tendrán lugar en el centro cultural de la ciudad a las 20:00horas.

domingo, 22 de marzo de 2009

Sobre la desposesión y la responsabilidad individual

Debido a la inmensidad del actual orden social y el anonimato de los sistemas tecnológico y burocrático a través de los cuales mantiene su poder, unx puede fácilmente llegar a verlo como inevitable, como un sistema de relaciones predeterminadas en el que no tenemos más elección que desempeñar nuestro rol. El objetivo del Estado y la clase dominante es la dominación total sobre toda la existencia, y aquí en el corazón de este monstruo parece que, efectivamente, han logrado este objetivo. ¿No estamos forzados, día tras día, a desempeñar actividades y relaciones que no son de nuestra elección?

Esto es lo que nos define como proletarixs. Hemos sido desposeídxs de nuestra capacidad para determinar las condiciones de nuestra propia existencia. Pero esta desposesión no es un desarrollo histórico predeterminado e inevitable. Ahora mismo, en los márgenes del orden capitalista, en lugares como Bougainville y Papua Occidental, se puede ver cómo tiene lugar esta desposesión; individuos con nombres y rostros, las instituciones que establecen con el fin de ejercer su poder y quienes eligen obedecerles debido a la extorsión de la supervivencia, actúan con violencia para desposeer a aquellxs que todavía tienen alguna libertad para crear sus vidas como ellxs quieran. Y frente a estas intrusiones violentas, aquellxs que no han sido todavía proletarizadxs a menudo se levantan en armas contra quienes están tratando de robar sus vidas. No es un proceso histórico inevitable lo que está excavando (a menudo literalmente) sus vidas a ras del suelo, sino la fuerza de las armas de quienes están en el poder. Son individuos reales los responsables de las condiciones sociales que existen. Individuos reales se benefician de ellas y, por tanto, hacen todo lo que está a su alcance para extenderlas.

Pero no son sólo las actividades de quienes mandan lo que reproduce el actual orden de dominación y explotación sino también, y más esencialmente, la actividad de quienes les obedecen. Aquí, en el corazón de la bestia, nuestra desposesión parece ser completa. A diferencia de lxs habitantes de Papua Occidental y Bougainville no tenemos vida social de nuestra propia creación. Cada elección que tomamos se hace bajo presión: la extorsión de la dominación de la supervivencia sobre la vida cuelga sobre nuestras cabezas como una espada. Sin embargo, la obediencia es una elección. Los motines en el ejército norteamericano que jugaron un papel crucial en forzar la retirada de los EEUU de Vietnam es una prueba suficiente de esto, como lo son los pequeños actos de insubordinación llevados a cabo cada día por lxs explotadxs para hacer sus vidas un poquito más soportables, un poquito más dignas. Y es en tales actos cuando unx empieza a tomar responsabilidad de su propia vida.

El orden social del Estado y el capital nos deja muy pocas opciones. Unx puede entender que alguna gente, como Daniel Quinn, sugiera que “le demos la espalda”, pero contra un sistema que requiere la expansión esto no es ninguna solución. Si la gente de las montañas de Papua Occidental se ha visto forzada a tomar las armas contra la intrusión del orden civilizado, quienes vivimos en su corazón no podemos fingir que podemos simplemente huir. Si no queremos aceptar nuestra explotación y elegir la obediencia con alguna insignificante trasgresión ocasional, estamos obligadxs a vivir fuera de la ley, tratar de robar nuestras vidas de nuevo lo mejor que podamos, contra viento y marea.

Cada vez se está imponiendo una vida similar a más y más gente. La multitud de campesinxs y miembros de pueblos tribales que se ven forzadxs a abandonar las tierras donde hacían sus vidas no tienen un trabajo esperándoles en las ciudades a las que se ven obligadxs a emigrar. E incluso en las naciones opulentas del Norte mucha gente se encuentra hundida hasta el fondo. El único sitio para estas personas es el ámbito de la economía ilegal, el llamado “mercado negro”. Pero eso sigue siendo el Mercado, estas personas siguen estando explotadas y la supervivencia sigue predominando sobre la vida.

Para lxs anarquistas y revolucionarixs la cuestión no es la mera supervivencia sino la reapropiación de la vida, la demolición de las condiciones de existencia que nos han sido impuestas. Este proyecto requiere finalmente la revuelta activa de la multitud de explotadxs y excluidxs, además de quellxs que resisten en los márgenes a los intentos de las instituciones capitalistas para robarles sus vidas. Pero a menos que unx tenga fe en algún tipo de determinismo histórico o espontaneísmo no tiene sentido cruzarse de brazos y esperar hasta que sea “el momento apropiado” y las masas se levanten.

Nuestra actividad crea las circunstancias en las que puede florecer la insurrección. Nuestro rechazo a obedecer, nuestra insistencia en crear nuestras propias vidas por nosotrxs mismxs, aquí y ahora, por encima de todo, y en atacar a las instituciones de dominación y explotación con las que nos enfrentamos en nuestras vidas, son las semillas de la Revolución. Si la Revolución es la lucha colectiva por la realización individual (y ésta me parece ser la forma más consecuentemente anarquista en que se puede entender el término) y, por tanto, contra la proletarización, aquella se desarrolla con la solidaridad que surge entre individuos en revuelta que reconocen su lucha en las luchas de otrxs. Por esta razón, y por el gozo que me proporciona aquí y ahora, no esperaré hasta que sea el “momento apropiado” sino que empezaré a apoderarme de nuevo de mi vida aquí y ahora.

Texto publicado en el zine Ecotopía nº3 y traducido originariamente de Willfull Disobedience, Vol.2, nº 11.

domingo, 8 de marzo de 2009

Por la destrucción del sistema capitalista

En apenas 200 años de existencia, la sociedad industrial ha alterado ciclos biológicos que han funcionado en la Tierra durante millones de años. Los llamados "desastres naturales" relacionados con el cambio climático que han tenido lugar en las últimas décadas son sólo un aviso de lo que está por venir en caso de continuar por el camino del desarrollo y el progreso tecnológicos.

No sólo en las tremendas alteraciones climáticas puede verse este impacto. La nocividad generada por la actual sociedad alcanza todos los ámbitos de la vida, pues todos están sometidos a los imperativos de la economía, que tiene en el desarrollo técnico a su fiel aliado. El agua, elemento indispensable para la vida, va camino de convertirse en una mercancía más, y una mercancia tanto más valiosa en cuanto se hace cada vez más difícil acceder a ella sin residuos contaminantes (tanto los ríos como los acuíferos subterráneos se han convertido en vertederos de los productos químicos indispensables para el sistema industrial). Lo mismo ocurre con el aire; aunque todavía no se ha comercializado en botellas de plástico como el agua, esta posibilidad no parece tan lejana al observar las nubes de smog que se sitúan sobre nuestras ciudades (y las imágenes de habitantes de ciudades como México DF o Tokio viéndose obligados a usar mascarillas apuntan también en esta dirección). La tierra, cuyo acceso libre se hizo ya prácticamente imposible con el proceso de desposesión que posibilitó el desarrollo del modo de producción capitalista, sufre también los efectos de la barbarie industrial, y va quedando yerma y desierta a medida que ésta avanza; los campos cultivados por la agricultura industrial necesitan cada vez más fertilizantes químicos para poder extraer algún fruto de ellos, al mismo tiempo que las motosierras abren paso a la necesidad de nuevos terrenos que explotar.
La lista de calamidades generadas por la actual organización social y económica (que encuentran en la técnica su justificación y su soporte) sería larga, y no merece la pena detenerse en elaborarla pues la catástrofe está ante los ojos de todxs. Es de los medios para combatir todas las nocividades (lo que significa combatir la sociedad que las produce) de lo que resulta más valioso hablar, pensar, analizar. Es la búsqueda de armas para la lucha contra este sistema que sólo genera muerte y destrucción la tarea que se nos impone con mayor urgencia, porque a cada minuto que pasa la devastación en curso se vuelve mayor y más difícil de revertir.

Hay una grieta abierta en el cemento que nos inunda, una grieta que debemos extender por todos los medios hasta que la vida florezca sobre el cadáver de esta civilización.

Texto extraido del zine Ecotopía nº3.

martes, 3 de marzo de 2009

Notas introductorias para una moral anarquista

El anarquismo trasciende la propuesta política para situarse también en el plano moral. Entiende que la verdadera revolución debe darse no sólo en las estructuras socioeconómicas y políticas, sino también en la moral y en la ética. El fundamento de la moral anarquista se sitúa en la crítica de la moral burguesa y en la consideración de que los males actuales son, en buena parte, el resuktado de opciones morales negativas. La moral burguesa traiciona el ideal de progreso y emancipación de la humanidad (esto ocurre desde la Revolución francesa), y justifica las relaciones de poder y explotación, siendo su característica principal la hipocresía, pues la burguesía se disfraza de toda una serie de enunciados cívicos y de leyes de apariencia democrática que no son más que un refinado disfraz para ocultar el dominio sobre las clases oprimidas y su marginación. Por tanto, la opción moral anarquista empieza por criticar la insolidaridad, el lucro y el espíritu de competición, y propone los valores de la solidaridad, la igualdad y la libertad como supremos.

La solidaridad o el apoyo mutuo es la alternativa que la ideología libertaria ofrece frente al orden burgués. El anarquismo entiende que el auténtico motor de la historia y la vida no es la lucha individual por la subsistencia (como propone el neodarwinismo social), sino el esfuerzo colectivo por sobrevivir, la solidaridad entre los miembros de una sociedad. Este principio lo desarrolló ampliamente P. Kropotkin en El apoyo mutuo. Un factor de la evolución, y La moral anarquista, obras que suponen en gran parte el punto de referencia de las diversas tendencias anarquistas en cuanto a la concepción de la historia y la moral. La solidaridad es la clave de una sociedad mejor, y sólo desde su práctica en la actualidad se puede construir la sociedad altruista futura. Por eso en las organizaciones libertarias y obreras sus miembros deben practicar rigurosamente las actitudes morales que predican (no puede haber contradicciones entre la moral en la vida pública y la moral en la vida privada) y la organización obrera deberá mostrar en su funcionamiento interno un tipo de relaciones opuestas a las vigentes en la sociedad actual.

Por otro lado, el anarquismo defiende que la solidaridad, la abnegación y el sacrificio por los demás no son propiedad de las religiones, las cuales han procurado apropiárselos para sobrevivir, al fortalecer su apariencia moral.

Como ya hemos dicho, la solidaridad y la libertad van unidas de la mano en el anarquismo, y por tanto, la moral del apoyo mutuo no puede ser impuesta, no puede basarse en sanciones legales, sino en el consejo, la persuasión o la coacción moral (como propone Ricardo Mella). La coherencia doctrinal del anarquismo exige que la sociedad alternativa se busque mediante la libertad, sin procedimientos autoritarios, lo que lleva a la defensa de una concepción ética de la política basada en la coherencia entre medios y fines. A la libertad sólo se llega practicando la libertad; a la solidaridad, practicando la solidaridad; a la autogestión, practicando la autogestión... Esto supone situarse en contra de la mayor parte de la tradición política occidental, que basa su actuación en el maquiavelismo político, considerando que los fines justifican los medios. La subordinación de los medios a las circunstancias supone desvalorizar la vida actual y potenciar comportamientos sumisos y resignados, por tanto sólo una ética radical puede hacernos llegar a una sociedad totalmente libre e igualitaria.

Este texto ha sido extraído de la obra Anarquismo y educación. La propuesta sociopolítica de la pedagogía libertaria, escrito por Francisco José Cuevas Noa y publicado en 2003 por la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.

sábado, 28 de febrero de 2009

Los primeros pasos del Anarquismo

El anarquismo es una idea surgida de la propia clase trabajadora y de las luchas de sus activistas y militantes. No es una construcción teórica aislada de la experiencia, sino más bien la expresión de rebeldía contra la vivencia de opresión y explotación. Las experiencias de solidaridad para resistir la miseria y la explotación -visibles en las primeras organizaciones gremiales, sociedades de ayuda mutua y asociaciones de trabajadores, surgidas a inicios del siglo XIX y anteriores a la formulación de las ideas socialistas- inspirarán a los futuros planteamientos anarquistas tales como el mutualismo, el colectivismo y, en una última etapa, el comunismo. Es en este sentido que decimos que la ideología anarquista es la obra de los propios trabajadores. Y como continuadores y herederos de ese legado debemos actuar consecuentemente con este pasado. Tal vez por esta razón, los anarquistas -salvo pocas excepciones- tuvieron muchas reticencias a la hora de teorizar y predecir cómo sería la sociedad futura, y prefirieron, consecuentemente, que si la liberación iba a ser obra del propio pueblo, también debería ser suya la planificación y edificación de la nueva sociedad.

Puedes leer el artículo completo en el Ateneo Virtual de la página web Alasbarricadas:

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿La historia se repite?

"Vivimos en un período de inmensas perspectivas revolucionarias a causa sobre todo de la incapacidad manifiesta del capitalismo y del Estado para dar soluciones de equidad a los problemas económicos, sociales y morales planteados de una manera apremiante en nuestros tiempos, pues las bases sobre las cuales descansa, no lo consienten.
(...)
En una quiebra universal de las ideas, partidos, sistemas, sólo queda en pie el proletariado revolucionario con su programa de reorganización a base del trabajo, de la igualdad económica y social y de la solidaridad."

Extraído del dictamen de la ponencia de la Federación Local de Grupos Anarquistas de Barcelona en el Pleno Nacional de Regionales de la FAI, celebrado entre Enero-Febrero de 1936

miércoles, 4 de febrero de 2009

Las reformas nunca han funcionado. Derribemos la Torre de Pisa

Es el trauma provocado en cada uno de los individuos por su posición de espectadores, de receptores pasivos en todos los campos de su vida, el que provoca la carencia de una conciencia de iniciativa particular para realización de la propia vida. Esta es la situación en la que se encuentra el individuo en el capitalismo avanzado que vivimos en la actualidad. Tanto en la vida cotidiana como en la democracia se supone una libertad de elección que no es real, dado que como espectadores, receptores y consumidores que somos tenemos que basar nuestra elección en un catálogo establecido.

Ante esta situación, se acostumbra a contentarse con lo establecido y a su vez a depender de lo que proporciona. El problema que hace tambalear la conciencia del individuo nace cuando no es posible saciar el apetito de consumo acostumbrado. Turba la sensación de inseguridad, tal vez sea el fin de la vida conocida. La adicción al estado de bienestar provoca que cuando éste no aparece seguro en el futuro comiencen los miedos. Incluso la izquierda hoy, que ha aceptado las mistificaciones del consumo espectacular, se encuentra con problemas para sustentar su único interés: El económico. La realidad es que se ha creado una sociedad de individuos convertidos en adictos a su condición de espectadores-consumidores, y ahora surgen problemas logísticos para suministrar la dosis acostumbrada de mercancías y espectáculo.

La izquierda moderada no se dio cuenta de que la miseria que en la actualidad invade la sociedad no tiene que ver con la miseria histórica asociada al hambre. La miseria actual es la relativa a la vida de espectador-consumidor. Aún viviendo en un estado de bienestar aparece la miseria de una vida aburrida y angustiosa, carente de experiencias y de aventura. Por supuesto se recurrirá a la herramienta predilecta de la izquierda antirrevolucionaria. El reformismo. Se buscan métodos desesperados de parchear una situación que se desborda desde hace ya mucho tiempo y cuyo derrumbe es cada vez más urgente.

Llegados a este punto deseamos romper con nuestra condición de espectadores y en vez de observar desde un asiento preferente el derrumbe de algo que no ha hecho más que ahogar y negar la vida, intervendremos en el espectáculo de la única manera útil y posible. Destruyéndolo.

Las reformas nunca han funcionado. Derribemos la Torre de Pisa.
Este texto ha sido extraído de la web Alasbarricadas: http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/9772

¿Qué es Individualidades Anarquistas?

El Grupo de Individualidades Anarquistas de Cartagena está formado por una serie de personas unidas por las ideas anarquistas. Cada una de nosotras es vista por las demás como un individuo autónomo, independiente y capaz de alcanzar sus propias conclusiones para actuar en consecuencia, de manera que el grupo tan sólo es el caudal natural en el que confluyen los pensamientos y las acciones de quienes lo componen.
La coordinación y organización del grupo dependen de la afinidad existente entre las individualidades anarquistas agrupadas. Todas aquellas iniciativas, propuestas, acciones e ideas que surgen a partir de dicha afinidad están, en la medida que sea, incluidas en ella. Esta afinidad queda enmarcada dentro de la lucha obrera revolucionaria, antiautoritaria y anticapitalista, siendo la diversidad interior de cada uno de los individuos revolucionarios la encargada de generar los múltiples matices que continuamente enriquecen los planteamientos políticos del grupo.
Las Individualidades Anarquistas que hemos decidido agruparnos en Cartagena consideramos que nuestra iniciativa es, simplemente, una tendencia natural hacia la auto-organización solidaria de la clase obrera. Nuestros objetivos más inmediatos pasan por la construcción de una red libertaria desde la que extender nuestras iniciativas y proyectos a una red mucho más amplia, estableciendo nuevas relaciones en las puedan germinar nuestras aspiraciones revolucionarias. En cuanto a nuestro objetivo final, éste no es otro que contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a la construcción de la Anarquía que hará posible la Revolución social.

Grupo de Individualidades Anarquistas-Cartagena
individualidades_anarquistas@hotmail.com

RESISTENCIA SIN DROGAS

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El Estado te quiere drogado e ignorante para poder manipularte fácilmente.